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martes, 4 de julio de 2017

Entrevistando a Alejandro Cremades, escultor especializado en forja

En ocasiones el viento que recorre los tiempos nos trae hasta nuestros días preciosas leyendas que hilvanan el pasado con nuestro más candente presente, cuenta la leyenda que la famosa Juana I de Castilla se vio sorprendida por una emboscada de truenos y aguaceros en pleno bosque de Carpineto, a la vera de Sant'Alfio, fue entonces cuando la reina contempló el colosal castaño que se alzaba en la ladera del Monte Etna, allí se resguardó del temporal junto a sus cien caballeros, bajo aquel coloso de ramas salvajemente bellas aguardaron hasta que la tormenta cesó su llanto; casi 60 metros de circunferencia que dan vida al que continua siendo el castaño más grande y longevo del planeta, desde el episodio relatado este dragón de verdes hojas es conocido como El castaño de los cien caballos. 
Tengo el honor de contar hoy en este blog con la compañía del escultor especializado en forja, Alejandro Cremades; de su gran maestría han nacido las diez esculturas de caballos que él mismo ha llevado hasta el Museo del Castaño de los 100 caballos situado en el corazón de la mágica Sicilia; donde formarán parte de la colección 100 caballos por la paz.
Las joyas artesanas han sido entregadas al amparo de las atentas miradas pertenecientes a las más ilustres autoridades de la UNESCO, así como del Ayuntamiento. Por su gran amor y entusiasmo ligados al noble y ancestral oficio de la forja, Alejandro ha sido designado embajador representante de la UNESCO. La decena de equinos han sido forjados por varios maestros en este magno arte, también han participado los alumnos de la Escuela Hierro y Fuego, de la que Cremades es propietario, recibiendo pues el honorable reconocimiento que certifica la maestría en las obras ya mencionadas.

Considero de una importancia única la necesidad de empoderar el halo que envuelve a este tipo de oficios, artes y vestigios del pasado que se aferran a nuestros días para que el engranaje que une al ser humano con el trabajo artesano nunca cese su funcionamiento. Personas como Alejandro nos hacen ver con su entusiasmo que todavía es posible restaurar los lazos que nos unen con los trabajos que al margen de ser duros, se convierten en una fuente de satisfacción e inspiración. La persona que otorga el alma a la fragua sabe que de sus manos dependen las obras que allí nacen, no hay tecnología apabullante, pero sí que existe algo complicado de ver en esta era, la atávica danza entre el maestro y su criatura, el renacer de la creación.


1. Tan solo con verte trabajar se percibe abiertamente la pasión que pones en todos los puntos de tu trabajo ¿cuál es el origen de tu pasión por la forja?
Desde pequeño ya me gustaban los metales ya que se podían hacer cosas duraderas, con 17 años descubrí las fraguas y cómo el hierro tan duro de por si al calentarse se volvía blando como la plastilina y la creatividad que presentaba resultaba infinita ya que con los conocimientos adecuados y pocos medios se podía hacer mucho

2. ¿Puedes hablarnos acerca del funcionamiento interno de tu taller? ¿En qué consiste este oficio?
El funcionamiento interno del taller está alrededor de la fragua; cada proceso creativo parte de una idea que se plasma en papel y después se estudia el desarrollo que debe llevar el hierro hasta formar la obra completa, parte se moldea gracias al calor que nos proporciona la fragua en torno a los 1800 grados de temperatura, calentamos el hierro a 1000 grados y a golpe de martillo yunque vamos dando forma al hierro como si fuese plastilina.

3. Supongo que para un artesano cada una de sus obras adquiere matices especiales y diferenciadores, pero aun así me gustaría saber cuál es la pieza que recuerdas con más cariño desde que estás inmerso en el mundo de la forja. 
Desde siempre me ha gustado la montaña tanto como el hierro y en especial las aves, en uno de los viajes que hice por Europa conocí a un maestro italiano que me enseño a forjar cualquier tipo de pájaro. En la primera exposición que hice, una de las obras quizás de las más emblemáticas, fue el águila calva realizada a tamaño real y que lleva más de 1.500 plumas.

4. ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo? ¿y el momento que ha marcado más tu trayectoria como escultor especializado en forja?
Lo que más me gusta de mi trabajo es preservar la tradición , el oficio y las raíces. La figura del forjador ha sido esencial en la evolución del ser humano, en casi todos los oficios estaba involucrada la mano del forjador bien sea en herramientas, en utensilios domésticos, defensa, protección...
Y cómo de un material tan duro como el hierro, a través del fuego con conocimientos y perseverancia podemos crear lo que queramos con una gran durabilidad. Tras buscar dónde aprender el arte de la forja en España y no encontrar y descubrir fuera de nuestras fronteras todo aquello que en España se había perdido, así que sin lugar a dudas el momento de inflexión fue cuando encontré donde aprender lo que estaba buscando así que aprendí inglés y recorrí Europa.


5. Viendo las esculturas que se realizan en tu taller, llama la atención el gran número de piezas que componen una sola de las creaciones ¿qué proceso es el que se sigue desde que recibes un encargo hasta la entrega del mismo?
Empieza cuando el cliente viene al taller y me explica la idea, sino lleva una idea concreta la desarrollamos juntos; también se da el caso en que somos nosotros los que realizamos el diseño y le presentamos diferentes opciones, unas veces ajustados a un presupuesto y otras no, se le hace un dibujo y una vez aprueban el diseño empezamos a trabajar, ordenando el trabajo por fases y una vez terminado pasamos a su instalación.

6. Durante las muestras de forja en vivo que ofrece tu taller, se ve una gran compenetración entre todas las personas que participan activamente en la sesión ¿destacarías algo especialmente de tales jornadas?
Estamos desarrollando una labor de recuperación y divulgación de este oficio tan importante a lo largo de la historia y ahora aun lo es en Europa, E.E.U.U, Rusia y casi todo el planeta; el oficio del forjador. Estamos abriendo un nuevo camino laboral ya que es un oficio amplio en el que las ramas industriales están más que explotadas y se han dejado de lado todas las versiones manuales, es en la labor manual donde está la mayor creatividad de las personas, así como la más difícil es encontrar dónde aprender, que fue la barrera grande que que yo me encontré y soy perfectamente consciente de que con los conocimientos adecuados muchas familias pueden vivir de esto. Lo que descubren los alumnos/as de mi escuela es que moldear el hierro en caliente es mucho menos duro de lo que parece, evidentemente si queremos puede ser muy duro dependiendo de si la obra es más grande o más pequeña, las personas que por primera vez le dan un martillazo al hierro al rojo vivo se quedan sorprendidas de lo blando que está y el primer sentimiento que les embarga es el de yo puedo, es un sentimiento muy poderoso, y a partir de aquí cada uno se va enfocando hacia las lineas que le gustan.

7. ¿Qué anécdota dentro de tu trabajo recuerdas con especial simpatía?
En una ocasión estábamos coloreando una chapa de cobre con fuego y agua, en una chapa de cobre los contrastes de frío y calor daban unos colores chulísimos pero también retorcían la chapa de manera que una vez que la terminamos, para poder enderezarla y dejarla plana no teníamos una superficie suficientemente grande e hicimos un sándwich con dos maderas grandes con la chapa en medio y la solución por la que optamos fue la de saltar encima para que todos los bultos de la chapa desaparecieran y se aplanara la chapa, cosa que conseguimos con gran sorpresa y risas.


8. En una sociedad en la que actualmente impera la tecnología y en la que resulta realmente complicado moverse sin entrar en la espiral del consumismo, ¿crees que restaurar algunos oficios que antaño otorgaban ciertos valores, como es el caso de los artesanos, puede ser una vía para valorar de verdad muchos de los objetos que adquirimos? 
Categóricamente si, la gran diferencia que hay entre la industria y el artesano está en el sabor que impregna la obra de cada uno de ellos, la industria te hace todas las cosas iguales, hay una competencia infernal y no se tiene respeto por las horas de trabajo de las personas; sin embargo cada artesano es diferente dentro de un mismo ramo, un forjador tendrá una forma de hacer las cosas, un gusto por hacerlas, una pasión, unos conocimientos, será mas o menos sacrificado y eso le da un valor diferente entre unos forjadores y otros, al igual que ocurre con el resto de los oficios artesanos y esto influye en el precio final de las cosas, si a todos nos gustan los coches de una marca no se venderían las demás, con la industria nos toca no poder elegir porque a la hora de hacer producciones estandarizadas el precio debe ser muy barato y no hay mucha capacidad de elección en el resto de Europa, aparte de la mano industrial existe la mano artesana y viven en perfecta armonía ya que el que quiere algo industria tiene donde elegir y el que quiere algo artesanal con diseños exclusivos tiene la mano artesana. Por eso en España debemos hacer crecer a los artesanos ya que además se pueden ajustar a presupuesto según diseño.

9. Observando el talentoso trabajo que desempeña el taller, me resulta fácil deducir que os aguarda una longevidad insuperable dentro del mundo de la forja ¿puedes hablarnos de los proyectos que podremos ver en un futuro próximo?
Ahora mismo en lo que estamos más enfocados es en la formación y en involucrar a los alumnos en las obras que hagamos, así como en el arte de la forja.

10. Seguramente tras leer tus palabras más de un lector estará pensando si sería posible iniciarse en este antiquísimo arte ¿cómo alguien sin experiencia previa puede comenzar en la forja?
Evidentemente hay muy poca gente que se haya dedicado a la forja, raro es que hayan visto un hierro al rojo vivo, de modo que la formación que estoy dando empieza desde muy abajo, empezamos con una batería de cuatro cursos de iniciación a través de los cuales vamos enseñando como coger un martillo, la dinámica de movimiento para no agotarnos y poder aguantar bien todo el día, hacemos herramientas, a lo largo de estos cursos trabajamos con aceros, nos hacemos tenazas, martillos, cinceles y aprendemos a templar a la antigua usanza, a manejar el fuego y a trabajar con sus temperaturas, a calentar el hierro y trabajarlo en su momento más plástico; tras esta batería de iniciación se abren dos caminos perfectamente compatibles: arte y arquitectura. Cada curso tiene una duración de dos días, son intensos, divertidos y se llevan muy bien.



lunes, 15 de mayo de 2017

Arlanza, el cauce del pasado

Al alba de un nuevo día, el cauce de agua que recorre el alma burgalesa otorga el don de la vida a cuanta natura goza del privilegio de dormir a su vera, así pues las corrientes que forman el gran río Arlanza van dibujando 160 kilómetros de verdor sin igual a través del retumbar de su galope entre Burgos y Palencia; es inevitable ir observando desde su orilla como entre los roqueños senderos del valle que conducen hasta sus lindes, se levantan pequeñas construcciones que antaño supusieron el cobijo acomodado y cercano a la mágica Hortigüela, ahora muchas de ellas son devoradas sin rastro de piedad alguna por la maleza en la que relega el paso del tiempo, portones y ventanucos aguardan en silencio un anunciado y predicho derrumbe. Cuesta entender cómo las cosas pasan de tener una importancia casi vital a ser pasto de las generaciones cada vez más presas de la tecnología, esas que acaban haciendo girar la pesada llave dentro de la cerradura y alejándose por la carretera en busca de la modernidad que ofertan las grandes ciudades de España, tal vez sea pura fantasía, romanticismo e incluso me aventuraría a decir que ilusión, pero realmente dudo que exista algo más bello que despertarse con el bostezo del sol entre las cortinas frente al Arlanza; y digo que podría ser tan solo ilusión porque yo misma me encuentro escribiendo esto desde la codiciada y absorbente ciudad, aun así he de reconocer que no hay nada como pasear entre lugares que años atrás estuvieron habitados, tal vez por la sencilla razón de que éstos nos recuerdan tiempos pretéritos que ya marcharon, aunque siempre está en nuestra mano volver a colocar sus vigas otra vez. Hoy os invito a hilvanar un pequeño recorrido por algunos de los mágicos lugares que abrigan al río, esos que con tan solo mirarlos te hacen saber que a pesar de su desangelado aspecto, continúan teniendo alma, vida más allá de un abatido paraje.

Desde el siglo X hasta bien entrado el siglo XIX, Hortigüela dependió en todos los aspectos de la Abadía de San Pedro de Arlanza, cabe destacar que una de las funciones principales que tenían los monjes era la de culturizar a los lugareños, también éstos durante el siglo XVIII tenían el deber de trabajar las tierras pertenecientes a la abadía un día al mes.

Ermita de San Pelayo

Esta ermita permanece en una atalaya única frente al bello Monasterio de San Pedro de Arlanza, como un vigía de la sierra, al borde de un rocoso abismo, la ermita yace desvencijada mientras su grandeza se desploma al pie de su propio suelo, cabe destacar que se diferencian notablemente sus distintas etapas de construcción, siendo éstas prerrománica, románica, gótica y barroca, aunque la más notable es la primera puesto que es la que dio forma primigenia al templo de oración de la mano de Fernán González.
La planta rectangular tiene una medida de 14 x 7,5 metros, sus muros son de un grosor considerable, hechos de pétrea sillería de manera que logran alzar una fortaleza desde este pulmón en la serranía de la cristiandad. Resulta imposible situar en un punto del tiempo el momento en el que por primera vez fue habitado este emplazamiento, ya que a pesar de las leyendas en torno a González, lo cierto es que se han encontrado vestigios de todas las épocas posibles de la historia, así lo demuestra el asentamiento musteriense que dormita pegado a la ermita; por lo tanto no sabemos sobre qué tipo de rudimentario centro de culto está erigida la ermita.
Lo que si tenemos que tener en cuenta es que estamos ante un enclave único con un poder ancestral que todos los estratos de la humanidad han sabido percibir y cuidar, hasta que alguien decidió dejar a su suerte tal lugar enigmático, con el viento y las águilas que vuelan hasta los cerros como única compañía.



Monasterio San Pedro de Arlanza

Dicen que se puede percibir casi lastimero el silbido del viento que recorre la sierra de Hortigüela cuando llegas a este referente del pasado, entre un espeso manto verde, a orillas del río y a pie de la carretera, trazado desde el rocoso suelo, alzándose en la cima del majestuoso arte que siglos atrás engalanaba la mágica España, encontramos un enclave único y salvajemente bello, el Monasterio de San Pedro de Arlanza. Este cenobio fue casa de uno de los pedazos de la cruz donde murió Jesús, el segmento de Lignum Crucis estaba engastado en oro y fue enviado por el Papa Juan XI al conde Fernán González; los Viernes Santos y las Fiestas de la Cruz el paraje quedaba en silencio ya que los poseídos por el maligno caminaban sobre aquella tierra pura para postrarse ante el Santo Madero, bajo la extensa mano de la Orden de San Benito se celebraba una ceremonia en la que el demonio era expulsado de aquellos pobres mortales, convirtiendo el retumbar del monasterio en su última esperanza para su viaje de vuelta a la luz.
El portón castigado pero inmortal del Monasterio de San Pedro de Arlanza se encuentra custodiado desde su alumbramiento por la estatua ecuestre del conde Fernán González; un soberbio corcel eleva su pata delantera en plena batalla, sobre él Fernán hace frente a los sarracenos que sucumben a la maestría bélica y honorable del conde. Resulta curiosa la representación ya que González contempla con una cómplice mirada a su compañero de armas e incluso se puede sentir el palpitar de la hidalguía que solo se atreve a desprender el halo único de la Reconquista española. Caballo y jinete permanecerán esculpidos al son de solo uno, unificados y fundidos en una tremenda estatua que nos recordará por siempre, hasta que se desplome la última piedra del desangelado monasterio, quién según uno de los documentos que se conservan, fundó la joya de Arlanza en el año 912, aunque la autoría de la construcción inicial no está clara, también hay fuentes que apuntan al padre de Fernán como fundador de la abadía, así como otro documento vincula la construcción a otros familiares.

Este corazón empedrado de Arlanza también fue el escenario de una heroica justa entre un templario y las fuerzas del mal, los relatos nos hablan acerca de la construcción interrumpida del monasterio, ya que al amanecer el trabajo de la jornada anterior estaba hecho trizas, aseguraban que una sombra se cernía sobre la edificación provocando la devastación más absoluta; fue entonces cuando un honorable miembro del Temple quiso poner remedio a tal fechoría y pidió que se grabara en el pavimento un tablero de alquerque, el caballero aguardó a que el demonio se presentara y lo retó a jugar, si ganaba su recompensa sería el alma del templario y si perdía acabaría la obra y nunca volvería a molestar.
El templario le dio ventaja al demonio con una ficha en mitad del tablero, conforme avanzaba el juego el caballero veía cómo iba perdiendo, pero entonces llegó el momento de la jugada final en la que el maligno debía levantar la ficha con la que el templario le había dado ventaja y moverla, al hacerlo quedó al descubierto el símbolo mágico de Salomón, y Satanás huyó, perdiendo la partida; una más de las tantas leyendas arlantinas que estremecen a los viajeros.



Monasterio de Santo Domingo de Silos

El origen del engranaje principal que alumbró a la joya monástica se remonta al siglo VII, fue llamado San Sebastián de Silos. Este lugar ha tenido a lo largo de toda su historia un curioso baile de cese y comienzo de actividad, ya que sufrió grandes golpes maestros durante la época de la ocupación musulmana en la península ibérica; uno de los periodos con mayor esplendor fue el vivido durante el gobierno del conde Fernán González, en dicha burbuja temporal, la vida monástica cobra gran importancia resurgiendo notablemente y siendo de nuevo centro neurálgico de la más férrea cristiandad, esto duraría hasta la llegada de Almanzor, tras su muerte en 1002 el estado del monasterio era lamentable, rozando una estampa ruinosa; así permaneció anclado en el tiempo, anestesiado por el recuerdo de su gloria hasta el año 1041, Fernando I otorga una misión compleja al prior del monasterio de San Millán de la Cogolla, quien huye del soberano de Navarra, la grandeza y la luz deben volver a relucir en Silos. Así fue como el más tarde conocido como Santo Domingo, pasa a ser abad, y bajo su mano se llevan a cabo las reformas oportunas para cumplir con los deseos del rey, alzan la iglesia románica y devuelven la vida al monasterio.

Tras siglos de empedrado silencio, se decide hacer de nuevo ampliaciones en Silos y aquí llega la obra del arquitecto Ventura Rodríguez con la que muchos no están de acuerdo, ya que decide derribar la joya románica y sustituirlo por un nuevo templo que es el que hoy sigue en pie. Como huella del pasado se conserva la Puerta de las Vírgenes que abre al claustro. Una fecha trágica para el paraje fue el 17 de noviembre de 1835, cuando como consecuencia de la desamortización de Mendizábal los monjes deben abandonar Silos, el monasterio es sometido a un brutal expolio por personas de dudosa moral. Finalmente el 18 de diciembre de 1880 los monjes benedictinos de la abadía francesa de Ligugé vuelven al monumental Monasterio de Silos para dar vida a uno de los tesoros arquitectónicos de la cristiandad española que incluso sirvió de inspiración a Umberto Eco y su célebre El nombre de la rosa.



miércoles, 8 de febrero de 2017

La batalla de Lucena, dueña de Boabdil y su ajuar

La historia de una nación se compone de innumerables resquicios en el tiempo, cimas que esconden una tramoya heroica y en múltiples situaciones ensombrecida por los entresijos palaciegos y las justas mudas entre hombres que creían tener honor contra los que realmente poseían un don innato para imponerse tan solo con el sonido de su voz al desangelado mortal que en ocasiones ligaba su arrogancia teñida de falso honor con su estructura ósea carente de espíritu; así nacieron los hombres que fueron elegidos por una mano invisible para formar el brazo armado de Dios que vio la luz durante la Primera Cruzada y que perduró más allá de la extinción de los Pobres Caballeros de Cristo. Vivimos en una era en la que todo lo que antaño regía el mundo ahora está relegado, no solo a un segundo plano si no estigmatizado por las nuevas corrientes sociales que bajo un nuevo modo de contemplar el deber de la humanidad ahora intentan hacer creer al propio ser humano que todo por lo que el hombre ha luchado no eran más que causas indignas de tener defensores y ha terminado por esbozar figuras como la de los grandes reyes Alfonso I El Batallador, Jaime I El Conquistador, y Alfonso VI El Bravo como auténticos despiadados trazados a carboncillo en las desgastadas páginas amarillentas de cualquier vulgar y sobrecogedor bestiario. Pero nada más lejos de la realidad, ya que gracias (sí, gracias) a los soberanos que con su enguantada mano empuñaron el alma de su espada contra el yugo islámico hoy podemos gozar de una libertad airosa y única, deberíamos echar la vista atrás y comprender la importancia de los capítulos que han vestido los tomos que un día estuvieron desnudos sin pensamientos entintados y que hoy son ilustres libros de historia, tesoros en papel que nos enseñan la grandeza de la tierra que pisamos, el valor del honor perdido y la valentía que junto con el coraje nos da la fuerza para defender aquello por lo que luchamos y en lo que creemos sin importar cómo caerá la noche, el ocaso nunca es fácil, pero alumbrados por las estrellas siempre se puede llegar al nuevo día, pase lo que pase mañana también amanece; así lo creyeron todos los hombres que de una manera u otra mantuvieron su figura firme durante la Reconquista, nombres que serán eternamente recordados como Pedro II de Aragón que cabalgó junto a Alfonso VIII de Castilla y Sancho VII de Navarra hasta el corazón del ejército musulmán en la famosa Carga de los tres reyes con la que se pondría el sello de unión español a las Navas de Tolosa. Cruzados, templarios, caballeros, reyes y españoles, algunos eternos y otros anónimos, pero todos ellos héroes.

Estatua del Cid y Babieca en Sevilla, erigida sobre el quemadero de la Inquisición

Hoy rescato del desván una de esas historias que casi al final de la Reconquista protagonizó un episodio cuanto menos anecdótico, y es que aquellas batallas estuvieron plagadas de datos curiosos, casualidades y oportunidades que en muchas ocasiones fueron hábiles movimientos ajedrezados claramente a nuestro favor, hablo de la captura de Boabdil durante la batalla de Lucena el 20 de Abril del año 1483, donde las fuerzas del bastión nazarí intentaron hacer una incursión sangrienta en el lugar para dar apoyo invisible pero altamente peligroso moralmente a su encarnizada lucha por el poder con su propio padre, algo que sostenía una demencial y eterna lucha dentro del propio Reino de Granada entre los partidarios de Muley Hacén y los de su hijo Muhammad XII (conocido por los cristianos como Boabdil El Chico). Cabe destacar que el verdadero motor de esta batalla fue la victoria con la que se alzó Hacén gracias a la ayuda de su hermano Muhammad XIII El Zagal en la serranía de la Axarquía de Málaga, después de ver cómo sus seguidores habían celebrado la conquista, Boabdil decidió demostrar su capacidad de ser igual o incluso mejor en el territorio bélico que su padre y su tío, de manera que dejándose aconsejar por su suegro Ibrahim Aliatar eligió Lucena para someter a los cristianos, reunió un ejército de ocho mil hombres de los cuales mil quinientos eran jinetes, y puso rumbo hacia las murallas de Lucena. Bajo el mando del alcaide Diego Fernández de Córdoba las almenaras comenzaron a dibujar una columna de humo en el cielo, con la esperanza de que a tan solo 11 kilómetros el conde de Cabra viera arder aquellas hogueras y dispusiera sus huestes para ayudar a su sobrino, Diego pensó con gran astucia en ganar algo de tiempo hasta que la ayuda se atisbara en el horizonte ofreciendo a El Chico negociar, aquella estrategia dio su fruto y cuando el nazarí cayó en la cuenta de que podría quedar atrapado entre ambos ejércitos bendecidos por la cristiandad, optó por retirarse. Puso rumbo a Granada, pero nadie podría haber previsto que las tropas del alcaide y del conde los alcanzarían en la parada que habían hecho para comer algo y descansar en el campo de Aras. Boabdil se apresuró a formar sus tropas para luchar sin más dilación, haciendo frente a los que él mismo horas atrás había decidido importunar.
Estatua de Aliatar en Loja
Destaquemos la valentía de los dos ejércitos aliados que tan solo en la primera acometida dieron muerte a más de una treintena de los caballeros más destacados fieles a Boabdil, pero fue en la segunda carga cuando la cristiandad asestó un golpe maestro a los moriscos, ya que la caballería condujo a los musulmanes hasta el río Pontón de Bindera que en ese instante gozaba de una temible crecida y uno a uno fueron sucumbiendo bajo el poder del agua. En aquella batalla el aclamado Ibrahim Aliatar se encontró cara a cara con la muerte a la par que las patas del corcel de su yerno quedaron hundidas en el fango, haciendo gala de una cobardía insultante, el sultán descabalgó y corrió apresurado para esconderse entre la espesura de la vegetación que rodeaba el paraje, tratando de pasar desapercibido; pero toda historia tiene un héroe y esta vez tenemos la suerte de poder ponerle nombre y apellido, Martín Hurtado fue el infante que vio al soberano nazarí entre los arbustos, Martín únicamente con su pica hizo prisionero a Boabdil aunque no se logro saber la increíble identidad del prisionero hasta pasados unos días, ya que éste se negaba a confesar la verdad. Una banda roja marcó al adinerado soberano como a un prisionero más y fue enviado con el resto de los apresados a las mazmorras del castillo del Moral (Lucena), conforme aquel lúgubre encarcelamiento iba teniendo más moradores musulmanes, la guardia comenzó a ver con sorpresa como muchos de ellos se postraban ante aquel preso, algo que indudablemente contribuyó a la identificación de su verdadera identidad, Muhammad XII.
Entre el conde de Cabra y su sobrino surgieron pequeñas diferencias sobre la custodia del prisionero, pero aquella disputa fue zanjada rápidamente por los Reyes Católicos en cuanto se les notificó la captura de Boabdil, el prisionero fue llevado hasta Porcuna (Jaén) donde fue encarcelado en la que pasó a ser recordada como la Torre de Boabdil, hasta que varios meses después de su confinamiento llegaron a un acuerdo, sería liberado a cambio de mantener la lucha contra su padre y su tío, el rey Fernando hacía honor con este preciso y meditado movimiento estratégico al famoso refrán divide y vencerás.

Castillo del Moral, actual Museo Arqueológico y Etnológico de Lucena

Cuando El Chico fue capturado, a primera vista los soldados sabían que se trataba de alguien con gran poder económico, al menos su atuendo así lo indicaba, toda su indumentaria fue entregada por los Reyes Católicos a Don Diego Fernández de Córdoba en señal de agradecimiento por su gran ayuda en la Reconquista de Granada, el ajuar se compone de vestimenta y armas, actualmente estas piezas forman parte de la colección histórica expuesta en el colosal Alcázar de Toledo que en sus entrañas acoge el Museo del Ejército; a continuación veremos con más detalle este tesoro conocido como El ajuar de Boabdil:

  • Marlota: Esta prenda típica entre la vestimenta morisca de la época recrea la fina filigrana ligada estrechamente con los soberanos que precedieron a su portador. La pieza está realizada artesanalmente con seda, lino e hilo metálico para recorrer sus delicados trazos. Alcanza una envergadura de 103,2 x 155 cm y se caracteriza por su majestuoso tono rojizo, latente en los emblemas coloreados del reino al que perteneció.
  • Babuchas: Sin duda es una de las prendas más características de los musulmanes, hechas con cuero y cosidas hábilmente con hilo de lino, sus medidas son de 24 x 10 x 9 cm.
  • Polainas: Estamos de nuevo frente a dos piezas realizadas en cuero e hilo de lino, esta vez lógicamente son mucho más altas que las babuchas del mismo material y llegan a una medida de 63 x 18,5 cm.
  • Espada jineta con su correspondiente vaina: Una de las piezas más emblemáticas del Ajuar de Boabdil, se trata de la espada atribuida al último soberano musulmán de Granada. Es una espada jineta del siglo XV, realizada en acero, plata dorada, esmalte y marfil con una hoja de más de 90 cm; por otra parte la vaina es de madera, cuero, plata dorada, esmalte y seda, alcanza una longitud de 97 x 7,9 cm. Sobre la pieza podemos leer varias inscripciones, en la empuñadura yacen grabadas alabanzas hacia dios, una de las frases principales dice así: «Él es Dios, Uno, Dios el Eterno. No ha engendrado ni ha sido engendrado. No tiene par». Se destacan las letras rojas sobre los esmaltes verdes, los cuales nos recuerdan a los colores por excelencia vinculados a su dueño.
  • Estoque real y su vaina: Al igual que la espada, el estoque y la vaina están datados en el siglo XV, forjados y rematados en acero, oro, marfil, madera y cuero; su medida alcanza los 99 x 6 cm. En la empuñadura del estoque se puede leer una inscripción nazarí muy utilizada en la guerra santa que dice así «Wa-la galib illa Allah» lo que en nuestro idioma significa: Solo Dios es vencedor, frase que terminó por ser el lema dinástico. El estoque es mucho más ligero que una espada y aun teniendo la misma función, el arma se diferencia en la ligereza como acabo de comentar y en que rara la vez cortaba con su filo, dando así toda la importancia en acción a su afilada punta.

Ajuar de Boabdil